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Avril en la Ría

‘Los científicos dicen que estamos hechos de átomos, pero yo estoy seguro de que estamos hechos de historias’, decía Eduardo Galeano, y ésta es la historia de Avril en la Ría.

Después de toda una vida dedicada a la venta de alta perfumería, Christine tuvo que dejar su trabajo por una grave enfermedad. Durante su convalecencia, recibía visitas de familiares y amigos, y cuando salían a tomar un café no encontraba ningún sitio especial. Cafeterías, terrazas…lo habitual.

Durante esos paseos, a menudo caminaban cerca de un antiguo refugio en Mogro, y para llenar el tiempo y ocupar su mente Christine imaginaba lo que haría allí si pudiera abrir un café, en ese lugar mágico, de cara a la ría, sobre la alfombra verde del campo, y mirando de reojo al sol del atardecer.

Y, así, se lanzó a crear su primer proyecto, un café-boutique cuidando cada pequeño detalle, desde las porcelanas de las tazas y platos, a la decoración…

Este establecimiento cambió de dirección en 2019, pero sigue manteniendo la esencia creada por Avril, la magia que ha cautivado a multitud de asiduos clientes.

Esto ha permitido centrarnos en nuevos proyectos y desarrollar el porfolio de servicios para terceros, realizando asesoramiento a negocios que buscan diferenciarse y crear una marca y estilo únicos.

Y del sueño y de la idea, pasó al proyecto y a perseguirlo con tesón.

Su sueño pudo hacerse realidad y logró crear, ese lugar donde soñaba tomar café en buena compañía, donde refugiarse, y sentir la plenitud y la belleza con calma, con sosiego. El primer espacio Avril se hizo realidad.

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